Los bebés nacen con unos 270 huesos, mientras que los adultos solo tienen 206. A medida que el niño crece, muchos huesos pequeños, como los del cráneo y la columna, se fusionan mediante la osificación para formar huesos más grandes y fuertes.

Si cuentas los huesos de un recién nacido y luego los vuelves a contar cuando tenga treinta años, verás que casi 100 huesos han "desaparecido". Pero no te preocupes, no se perdieron; simplemente unieron fuerzas.
Los bebés necesitan ser flexibles. Muchos de sus "huesos" están hechos en realidad de cartílago, el mismo material flexible de tus orejas y nariz. Esta flexibilidad es crucial porque permite al bebé pasar por el canal de parto y le da espacio al cerebro para crecer rápidamente.
A medida que el niño crece, comienza un proceso llamado osificación.
Cuando una persona llega a los 20 años, el proceso suele completarse. Las 270 piezas originales se han combinado en un conjunto final de 206 huesos. Técnicamente tienes "menos" huesos, ¡pero tu esqueleto es mucho más fuerte y estable que cuando eras un bebé!
Nacemos "desmontados". Crecer no es solo hacerse más grande; es fusionar partes pequeñas en una estructura única y robusta que sostenga el cuerpo adulto de por vida.