La garganta es como un cruce con un "guardia" (la epiglotis) que solo deja pasar una cosa a la vez para mantenerte a salvo.

¿Has intentado respirar hondo mientras tragas agua? Seguro que te ha dado tos. Tu cuerpo tiene un "interruptor" que impide hacer las dos cosas a la vez.
En la garganta hay dos "tubos": uno para el aire (tráquea) y otro para la comida (esófago). Comparten la misma entrada. Para que la comida no baje por el tubo equivocado existe una lengüeta llamada epiglotis. Al tragar, la epiglotis baja y tapa la tráquea como una tapa, así que el aire no puede entrar ni salir.
Ese momento se llama apnea deglutoria. Cada vez que tragas —incluso solo saliva— el cerebro pausa la respiración unos 0,5–1,5 segundos. Es un mecanismo de supervivencia: si no se pausara, comida o líquido podrían entrar en los pulmones y atragantarte.
Aunque intentes contener la respiración y luego tragar, el cerebro sigue aplicando la apnea deglutoria. Lo que no puedes hacer es inhalar o exhalar mientras tragas: con la "tapa" cerrada es físicamente imposible.
Tu cuerpo te obliga a dejar de respirar cada vez que tragas para proteger los pulmones. La epiglotis actúa como escudo cerrando la vía aérea. Es un reflejo automático que no puedes apagar.