En el espacio las lágrimas no caen: se quedan pegadas al ojo como una burbuja salada porque no hay gravedad que las arrastre.

En el espacio las lágrimas no caen. Sin la gravedad se comportan de un modo casi mágico, pero en realidad son un problema incómodo para los astronautas. Por qué se quedan en la cara y cómo se comporta el líquido en órbita.
En la Tierra la gravedad tira de todo hacia abajo. Al llorar, el líquido baja por las mejillas. En microgravedad esa fuerza no existe. Los ojos siguen produciendo lágrimas para mantenerse húmedos, pero el líquido se queda donde se forma: se adhiere al globo ocular y forma una bola de agua que crece.
Llorar en el espacio puede doler. En la Tierra las lágrimas fluyen y limpian el ojo. En el espacio se quedan sobre la superficie. Como contienen sal, permanecer mucho tiempo en un punto puede provocar escozor o quemazón. Si sigues llorando, la bola puede crecer tanto que llegue al otro ojo o se desprenda y flote.
La solución es simple: hay que secarlas a mano. Los astronautas usan toallas para absorber el líquido antes de que sea un problema. Chris Hadfield demostró con agua en el ojo que el líquido simplemente se queda ahí. Su consejo: los ojos llorarán, pero como las lágrimas no caen, hay que tener siempre un pañuelo a mano.
Puedes producir lágrimas en el espacio, pero no bajarán por tu cara. Sin gravedad se acumulan en una bola salada en el ojo que puede escocer o tapar la vista. Para "llorar" en el espacio no hace falta un hombro donde apoyarte, sino una buena toalla.