Cuando más gente observa una emergencia, todos piensan que otro ayudará. Esta "difusión de responsabilidad" puede dejar a la víctima sola en medio de la multitud.

A menudo creemos que en un lugar lleno de gente estamos más seguros si nos pasa algo. Pero la psicología social muestra una paradoja: cuanta más gente hay, menos probable es que alguien ayude. Esto se conoce como efecto espectador.
Los psicólogos Bibb Latané y John Darley identificaron dos causas principales:
El estudio de este efecto comenzó tras el asesinato de Kitty Genovese en Nueva York en 1964. Según se dijo, decenas de vecinos oyeron sus gritos pero nadie intervino ni llamó a la policía a tiempo. Aunque después se supo que algunos sí intentaron ayudar, el caso cambió nuestra forma de entender la conducta humana.
Si eres tú quien necesita ayuda en una multitud, no solo grites "¡Ayuda!".
El efecto espectador no significa que la gente sea "mala" o "insensible". Es un fallo psicológico: nuestro cerebro intenta pasar la pelota al de al lado. Entenderlo es el primer paso para ser quien realmente actúa.