Entre 1924 y 1984, Reikiavik prohibió los perros para prevenir una enfermedad parasitaria y porque se consideraban "inadecuados para la vida urbana". Aunque la prohibición terminó, los dueños aún deben seguir reglas estrictas y pagar altas tasas.

Imagina caminar por una capital y no escuchar ni un solo ladrido. Durante seis décadas, esta fue la realidad en Reikiavik, Islandia.
A principios del siglo XX, Islandia luchó contra una enfermedad parasitaria llamada equinococosis. Estos parásitos se transmitían de los perros a los humanos, causando graves problemas de salud. Para proteger a la población, el gobierno prohibió los perros domésticos en la capital en 1924.
Más allá de la salud, la prohibición se basaba en la idea de que los perros eran animales de trabajo para granjas, no para apartamentos. Se creía que no eran "aptos" para la vida urbana. Esto hizo que Islandia se convirtiera en una nación de amantes de los gatos, razón por la cual hoy se ven tantos gatos en Reikiavik.
La ley no se derogó hasta 1984. Sin embargo, no fue un proceso libre. Incluso hoy, tener un perro en la capital requiere:
La prohibición de 60 años convirtió a Reikiavik en una ciudad dominada por los gatos. Aunque los perros son bienvenidos de nuevo, las estrictas regulaciones siguen vigentes como recuerdo de cuando el mejor amigo del hombre era un "extraño" legal.